viernes, 25 de septiembre de 2015

Tomás & Cristina (19. septiembre. 2015)

Hola a todos:
Estaba deseando escribir esta entrada, pero al mismo tiempo siento una gran responsabilidad. En Sonríe Buttercup! no aceptamos bodas como fotógrafo principal, salvo excepciones. 
Y esta boda es la primera excepción.



Tengo que presentar a los protagonistas de este día: Tomás y Cristina, y por su puesto su preciosa familia. Más de 10 años juntos, dos hijos y ¿ahora la boda? Pues la vivieron como unos recién enamorados, con la mayor ilusión, con entrega y, por supuesto, con la alegría que ese día significa. Unos novios serios reflejan los nervios propios de una boda, pero por encima de todo es un momento feliz y eso debe traducirse en sonrisas, ¿verdad? A veces concentrados en la importancia de ese paso, nerviosos pensando en si todo saldría bien, pero radiantes por poder estar ahí, dándose el Sí quiero! junto a toda su familia, 10 años después... ¿El resultado? Casi 300 fotos repletas de miradas, lágrimas, suspiros que traspasan y sonrisas, muchas sonrisas, de las de verdad.



Ya en la entrevista previa me transmitieron lo "buena gente" que eran. Y con la misma amabilidad con la que nos recibieron en su casa para contarnos los preparativos de su boda, para describirnos su historia de amor y para explicarnos cómo les gustan las fotografías, se comportaron el día B. 
Querían fotos naturales, tradicionales, sin demasiados retoques, capturando la luz y el color del momento, fiel reflejo de la realidad, y espero haber conseguido respetar sus gustos.




A las 10 de la mañana empezó la máquina a funcionar. En casa de los padres de Tomás su madre estaba terminando de arreglarse. Su padre, Tomás y Marcos esperaban muy nerviosos, 
pero con la mejor de sus sonrisas. 





En casa de los padres de Cristina eran muchos más: niños y adultos que esperaban ansiosos la hora de salir hacia la iglesia. Pocas, muy pocas, novias he visto tan guapas como Cristina. Era imposible que saliera mal en las fotos, imposible. ¡Así el trabajo es mucho más fácil! Y el vestido era un sueño, los complementos, el peinado, todo. No hace falta que os lo cuente porque podéis comprobarlo vosotros mismos... ¡Lástima que no pueda poner aquí las 300 fotos!



Esperando con su mamá estaba la verdadera princesa de la casa: Daniela. 
Casi 4 años, radiante, divertida, nerviosa, un torbellino.




Y a las 12:00, en la Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados, Tomás y Cristina agarraron sus manos, muy fuerte. Seguros, emocionados y orgullosos de darse el Sí quiero, para siempre.




Una ceremonia sencilla, divertida, con Marcos llevando los anillos y Daniela las arras. Y, mucho más relajados, después de tanta espera y tantos nervios, salieron como marido y mujer. Tras una lluvia de arroz y un brindis recibieron los besos de todos los amigos y la familia que les acompañaban:
 a ellos, a su amor, en su día.






La siguiente parada: el barrio de Santa Cruz. Mucho calor, mucha gente y muchos piropos. 
Los novios se prestaron a todo lo que les pedí, siempre con una sonrisa, 
alegres, divertidos y cómplices. 








El sol brillaba en una Sevilla especialmente bonita. Ellos brillaban incluso más.




En Guillena, concretamente en la Hacienda Atarazana, fue el convite. Una vez relajados dejaron fluir las emociones, era inevitable... Muchos detalles llenos de cariño, de amor de verdad, sorprendieron a los novios e invitados, un mar de lágrimas y abrazos. 





Y, por supuesto, también se divirtieron muchísimos. Lo dieron todo. Gente joven, dispuesta a pasar un día inolvidable, contagiando a los que eran un poco más mayores. Dos familias unidas, muy unidas. Acogedores, amables, simpáticos... imposible una mejor experiencia.


Les deseo toda la felicidad del mundo, se lo merecen.

"Temblando... de pensar que ya te tengo aquí a mi lado, y prometo no soltarte de la mano, ahora sé que ya tus pasos son mis pasos".

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