domingo, 23 de octubre de 2016

El nacimiento de Noa (Parte II)

Gracias,
gracias de corazón por todas las opiniones bonitas sobre la
primera parte del nacimiento de Noa. Ahora toca seguir con su historia, pero siento una gran responsabilidad responsabilidad 
(si cabe), sabiendo que la va a leer tanta gente. Vamos allá:

*Os aconsejo primero releer la anterior entrada (AQUÍ) y continuar ahora.


Los que vivimos ese momento lo recordamos casi como un sueño
pero fue completamente real, además tenemos a Noa que llora, sonríe, come, demanda amor y lo devuelve multiplicado por mil para atestiguarlo. ¡Y por supuesto las fotos! Aunque todo esto pueda parecer un cuento, no lo es, pero sería una historia preciosa para leer antes de irse a dormir ¿verdad? Y como en toda historia el tiempo, para situarnos, es un elemento importante así que
 os cuento que el reloj marcaba las 10 y cuarto, aunque en realidad no sé si estaba bien en hora, pero ya estaba muy muy cerca el desenlace, que en realidad no es desenlace, 
que es el principio de otra historia todavía más bonita. 




 Rodeamos a Carmen, que no encontraba un lugar donde sentirse cómoda (si es que puede darse en ese momento una sensación así), cada uno en su sitio, expectantes, respirando con ella, tratando de empujar al mismo tiempo como si eso pudiese aliviar su sufrimiento. El matrón comprobaba que todo iba como tenía que ir y las doulas la ayudaban a mantener la calma, a concentrar toda su energía. Gracias a un espejo podía ver como, cada vez que empujaba, su cuerpo respondía y sentía cada vez más cerca el momento de poder abrazar a su bebé. Mecía su cuerpo con cada contracción, intentando aliviarse. Buscaba apoyo en su marido, que la sujetaba con todas sus fuerzas, tanto con su cuerpo como con su mente, esa conexión en la que no se habla, confianza en la grandiosidad del otro, incluso admiración... Amor con mayúscula en definitiva. ¡Todo! En esos minutos que pasan volando, porque Noa ya está lista para nacer. 




Casi 10 meses de embarazo, 42 semanas y 3 días es el tiempo que ha necesitado para prepararse. Y es ahora, en este justo momento, ni antes, ni después. Es ahora cuando, gracias a una mujer exhausta, poderosa y muy muy feliz, saca su cabecita a este mundo que tantas cosas bonitas le ha preparado. Empezando por ese primer aliento que toma acompañada por su familia, en su casa, junto a un sofá donde mucha gente la había visualizado naciendo, y allí tenía que ser. El inmenso dolor desaparece y deja lugar a la emoción más pura y más intensa. 
Noa no tendrá que preguntarle a sus padres por dónde nacen los niños, 
podrá verlo ella misma y espero que le encante cuando sea mayor, pero esas fotos
 obviamente tenemos que reservarlas solamente para ellos. 
Una vez más: el cuerpo humano es alucinante. El cuerpo de la mujer en este caso. Aunque parezca imposible no lo es: sale su cabecita, poco a poco, despacito, redonda, llena de pelo y perfecta. Preparada para crecer, para albergar millones de pensamientos, para sentir, para disfrutar, también para padecer, para atesorar recuerdos, lista para aprender cada día, 
de cada día.



Y sin darme cuenta, unos segundo después, su cuerpo ya estaba fuera, la piel parecía que ardía. Un cuerpo delicado, frágil, pidiendo un abrazo que no tardó ni un segundo en recibir de sus padres. Muchos sabemos lo que se siente, que no se puede describir porque te falta el aire y el corazón lo mismo se desboca que se detiene. Ya nada, nada, vuelve a ser como antes. 
Y, si quiero terminar de escribir esta entrada alguna vez, no puedo seguir recordando porque casi ni me salen las palabras ya. El mayor truco de magia de la historia jamás visto. En esa casa, gracias a Noa, nos llenamos todos un poquito más de vidaEntonces no sabes si reír o llorar, 
y haces todo al mismo tiempo.




Esto se está terminando y no quiero, así que me guardo su carita preciosa y esos ojitos abiertos mirándolo todo para la tercera parte, que no tardará.

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