viernes, 28 de abril de 2017

José Luis y Rocío, para siempre.

¡Hola! Falta muy poquito para que los protagonistas de la anterior entrada puedan ver todas las fotografías de su boda, que son más de 250. Pero ya hoy puedo adelantarles algo, para que también seáis testigos vosotros de su amor. Si el otro día os enseñaba parte de los preparativos, en esta entrada compartimos la ceremonia y la fiesta posterior. 
Espero que os guste muchísimo.




A las 7 de la tarde, en la Iglesia del colegio San Miguel Adoratrices, en Sevilla, se reunieron más de 200 invitados con muchísimas ganas de acompañar a José Luis y a Rocío. El novio esperaba impaciente en la puerta, junto a su madre, radiantes los dos. Poco a poco fueron entrando todos a una capilla que impresiona, el contraste entre la luz exterior y la oscuridad de dentro abrumaba. Poco a poco los ojos se acostumbran y puedes ver cómo estaba todo adornado, lleno de flores blancas, y su elegante arquitectura con un altar espectacular.







Rocío no llegó demasiado tarde, junto a su padre y a una sonrisa enorme, estaba deseando encontrarse con su, casi casi ya, marido. Fue una ceremonia muy emocionante (en serio, puedo asegurar que pocas habrá tan bonitas como esta), sus amigos leyeron palabras preciosas y
 el sacerdote nos dejo a todos, fotógrafa incluida, sin aliento. 








Los novios habían escrito los votos para el consentimiento y se enamoraron todavía más: ella de él, él de ella y todos con ellos. Seguros, nerviosos y pletóricos. 







Y, tras las numerosas firmas, recorrieron el pasillo de nuevo, juntos esta vez. Rocío y José Luis. Fuera les recibieron con una lluvia de arroz, aplausos y numerosos deseos de amor y felicidad.






Más tarde, en la Hacienda La Andrada, tenían preparado un cóctel para compartir con los invitados. Primero los recibieron a todos antes de entrar al salón, saludando uno a uno. 









Tras la cena y cerca de las 12 de la noche inauguraron el baile. Sonaba "La quiero a morir", su canción. También bailaron con los padrinos por Nino Bravo. Alejandra y María, las hermanas de Rocío, recibieron el ramo de la novia. 

Ven a mí, abrázame
Porque te quiero
Te quiero, te quiero
TE QUIERO, te quiero, te quiero
Y HASTA EL FIN te querré









Como recuerdo de su boda sortearon entre todos los invitados varias cajas de regalos con diferentes experiencias. Como en una tómbola, cada uno tenía su número que cogió al empezar el convite y los afortunados subieron a recoger su premio. Una original forma de hacer su boda todavía más inolvidable. Y ya, tras tantos meses de preparativos, nervios e ilusión, "solamente" les quedaban por delante más de 5 horas de baile y diversión. 
Seguro que hasta se les hizo corto... 










¡Para la próxima vida me pido ir como invitada! Aunque por supuesto he disfrutado muchísimo como fotógrafa. Tan bonitos como lo lo son por fuera lo son por dentro. Y yo feliz y agradecida de formar parte de su historia de amor, que comenzó en el 2010 y que el pasado 1 de abril de 2017 vivió un capitulazo. 

¡Muchísimas felicidades!


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domingo, 16 de abril de 2017

José Luis y Rocío, los preparativos

Dos semanas han pasado desde el día de Rocío y José Luis. Los novios acaban de llegar de su súper luna de miel y yo no podía esperar más para publicar algunas fotos de su gran día. Como son muchas y todavía no he terminado de editarlas, pero me pueden las ganas de compartir, voy a hacer una primera entrega con los momentazos que vivieron, todavía solteros, Rocío y José Luis en sus respectivas casas. Ya lo dije hace poco: me encanta compartir con los novios esos ratitos en los que tratan de disimular el nudo en su barriga, pero la risa nerviosa les delata. Cada casa es particular, como los patios, y se vive de una manera diferente.


Pero primero debemos volver al año 2016, cuando José Luis, en un restaurante luso le pidió matrimonio a Rocío. Ella dijo sí, por supuesto. Y también dijeron sí a que Sonríe Buttercup! fotografiase su gran día. Un año entero ha pasado, los nervios se hacían cada vez más intensos al igual que las ganas de que llegara el momento. Hablo de mí, porque cada boda es única y esta era muy especial. (Ellos ya os podéis imaginar como estaban cada día que restaban en su particular cuenta atrás).

En la reunión previa que tuvimos un mes antes pusimos en pie todos los preparativos, repasamos cada detalle y compartieron su historia de amor conmigo. Y ahora yo comparto todo esto con todos vosotros:





Sevilla. 1 de abril del 2017, todavía no daban las 5 de la tarde. En la calle hacía calor, la primavera se hacía presente en el mes lluvioso por excelencia. El sol reluce intensamente, podemos respirar tranquilos. El novio esperaba en casa de su madre, a medio vestir, deseando salir corriendo a encontrarse con Rocío. Luz y paz en un hogar que también celebraba la llegada de un nuevo miembro a la familia: Maribel, su hermana había sido mami a varios kilómetros de allí y por fin José Luis conocía a su sobrino. Y era precisamente ella quien la ayudaba con "el uniforme de novio": gemelos, tirantes, el brillo en los ojos, sonrisa radiante... Impecable. También su madre, por supuesto, quiso ayudar a su hijo a estar más guapo todavía.





Rocío tenía una sorpresa preparada para su futuro esposo, los minutos pasaban y el momento cada vez estaba más cerca. Le había escrito una carta para que leyera antes de salir. Lo que ponía se queda para ellos, pero podemos intuir algo a través de estas fotos,
 a través su cara que es el espejo del alma.





Y aunque me hubiese quedado allí con José Luis y su familia contagiándome de felicidad, poníamos rumbo a otro punto de Sevilla 
¡¡la novia estaba esperando!!





"Mas eu quero que ela morra, ela é o que eu quero mais,
É que quando eu beijo o meu corpo treme e é por isso que eu 
Eu quero morrer"

La casa de los padres de Rocío era un polvorín. Sus hermanas iban y venían nerviosas, Finidi no entendía qué estaba pasando y por qué le habían puesto tan elegante, sonaba música y en un salón repleto de recuerdos y maquillajes Rocío intentaba serenarse, pero era muy complicado. Inevitablemente el corazón latía cada vez más deprisa: pestañas, fotos, labios, fotos, tocado, fotos, complementos, fotos, el vestido...







¡La hermana mayor se casa! Las caras de sus hermanas no podían contener la emoción al verla tan preciosa. Tras algunos minutos de tensión, Rocío respiró muy hondo y empezó a sonreír: todo iba perfecto. Ya no estaba tan nerviosa. Se veía guapísima (lo estaba) y el momento del vestido, por fin, tras tantas horas, pruebas, dudas e ilusiones había llegado.




Todo estaba en su sitio y parecía una princesa. El detalle justo, el largo, el escote... perfectamente medido. La diadema, el recogido, el velo, las mangas: deliciosa armonía. Casi las seis y media de la tarde y un cochazo aparcó en la puerta de casa para llevarla al encuentro de su futuro marido.  





¿No es maravilloso poder vivir estos momentos? Espero que, muy pronto, pueda compartir el encuentro de esos novios, las sonrisas, los besos, las miradas ¡y mucho más! 



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